Se ha tasado la justicia por legislada gracia ministerial.
Tasada doblemente. Por tributo oficial, y porque
sólo quien se maneje con desaire con los cuartos y los
pleitos, guerreará en caso de duda razonable. El prudente por
necesidad, es posible que recoga los bártulos ante la negativa
de un acuerdo, aún con la ínfula interior de creer que seguramente le habrían dado la razón en juicio justo. En una situación tal, la
injusticia, (por no uso de la Justicia) habrá legalizado un quebranto de ley por
la fuerza coercitiva del dinero.
A este estado de Estado hemos llegado.
Es cierto que en cuestión litigiosa de
alcance evidente, la tasa supondrá un muro de piedra gruesa y basta,
barrera molestona o primer escollo capital al que hacer frente con
afrenta, pero no insalvable. Pero la cuestión es que será siempre
un muro impuesto por quien debe proteger la legalidad. Un muro que en
nada afecta al pudiente falseador demandado, juguetón al que poco
importa la solución pacífica de un conflicto y a quien la
Administración se le ha puesto en modo connivencia.
Digo esto porque en la práctica
jurídica, muchos son los casos en los que el pleito procede y avanza
en el tiempo, únicamente por la deliberada terquedad del acomodado
que se sabe vencido, y que solamente se molesta en demorar la solución. A
este demandado poderoso, en último término, no le importará en
absoluto siquiera una posible condena en costas.
- ¡Que menos que un juicio Señora
Jueza!
Éste pleitea porque puede permitírselo
y a este tipo de pleiteantes deportistas, el mundo-tasa naciente, se
le presenta como un pimpante juguete a favor: Ahora, el quebrantado
por este Don, es posible que permanezca quieto, en dientes batido y
sin ejecutar su derecho, porque un gallardo hombre ajeno, le ha
levantado un muro en su camino. Una expropiación sin indemnización.
De este modo, aunque sea
subjetivamente, sin “númerus clausus” se ha orquestado, en la
práctica, una justicia tasada. Porque se ha tasado la justicia.
Puede ser ligero el tacto en el agua, tanto como puede no pesar, pero el agua siempre ondeará.





