lunes, 20 de febrero de 2012

Sensaciones



Infravaloradas por el racionalismo, las sensaciones vienen y van, flotando en el nítido aire de la percepción, irreflexivas y sin método, casi despreocupadas. ¡Con razón no son razón!. Y sin embargo, aún cuando también las desprecio si se ciernen en un análisis, pueden llegar a ser tan falsamente verdaderas, que a pesar de su evidente falta de cordura, concedo que también suelen reflejar la realidad de un tiempo.

Sin aviso metódico, las sensaciones advienen por si mismas.

Normalmente combatida por el uso ponderado del conocimiento aplicado, es común que la sensación rehuya, como el aceite del agua, de la concreción a la que se refiere, aún cuando es su conclusión última y tiende, por naturaleza, a particularizar desde de un universal abstracto... disperso en la realidad que, sin estar relacionado, se relaciona sensacionalmente.

Últimamente, las sensaciones que desenmascaran los embelecos racionales, enraízan más en la común idea, general visión, o sensación soberana del pueblo.

Desde este punto de vista, es sensación política que Garzón sea perseguido, que Camps sea protegido, que el PSOE sea una reliquia incapaz de adaptarse a unos tiempos en donde el empresario común, es trabajador en precario, o que la reciente reforma laboral del gobierno de España se ampara en la crisis como quien trata de arañas pintas, y asienta una legislación que toca rugosa por el lado del asalariado. Son sensaciones que “per se” advienen,  como la sensación de que Arantxa Sánchez Vicario sea un juguete roto, que El Real Madrid de fútbol vislumbra un lustro de éxitos, o que desde Francia hay alguna envidia por el presente del deporte español. Vastas sensaciones que juzgan casi con verdad absoluta.

En todo caso, es notoria la sensación de que el intramundo que habitamos se deja llevar por las sensaciones. La sensación de las sensaciones. Será que de este modo pasamos más cerca de la verdad. O será, más bien, que este en el que estamos hoy, es un sensorial mundo irracional.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cuando fui Ben Gazzara...



Me gustaría escribir sobre Ben Gazzara, cuya muerte orilla hoy en los periódicos de medio mundo, y me gustaría hacerlo desde la perspectiva de un actor admirable y comentar, por ejemplo, su papel en la enorme “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminguer, o centellear con letras sus trabajos con John Cassavetes...

Me gustaría, pero honestamente no puedo, porque cuando se habla de Ben Gazzara, antes en vida y ahora en muerte, me persigue -maravillosa persecución- una imagen, imborrable, de su rostro, que también es el mío desde entonces y cada vez que lo veo, contemplando más que observando, el cuerpo siluetado y perfecto, en la playa o en el perfil de la ventana, de la bella y escultural Ornella Muti.

Por ello, aunque me gustaría escribir como homenaje sobre alguna de las grandes películas en las que participó este actor americano de origen italiano, solo una película, mediocre, me devuelve Ben Gazzara

Ordinaria Locura” de Marco Ferreti.

Así de fortuitos o aleatorios son los recuerdos, y así van porque sobre ellos no ejercemos conciencia o poder alguno. La memoria es la que es.

Será entonces mi modesto homenaje a este actor, un homenaje a mí mismo, porque yo también fui Ben Gazzara, con 13 o 14 años, cuando los dos caímos hechizados bajo la delicia y el gozo del cuerpo de la bella Ornella Muti.

¡Anche per te, Biagio!