Todo sucede tan rápido y
cadencioso, que hasta parece que el Rey caza elefantes para cortinear
y Froilán -solidario - se dispara en ayuda. El R. Madrid y el Barca
pierden aportando lo suyo y la Kirchner baila, coqueta y vanidosa, un tango
expropiante mientras se sucede la marea negra. Negra... o parda,
porque tiende a más oscura.
Lo de menos estos días que suceden, que se agitan burbujeando en menudeces vistosas, es que cada día
maza el Hombre Estado, con resuelto segundeo perfecto e insistente
rozamiento, sobre un Sistema Público que se pensaba impermeable a
las lluvias ácidas de los ajenos.
Sucede, aprovechando las coyunturas del
deporte, las estrafalarias circunstancias puestas pero reales de la
Realeza, o las singulares “popularadas” del otro lado, que los
señores del buche disponen el tomar sin dar, quitando sin reponer,
ensombreciendo este actuar con la arboleda basta del murmullo
insustancial que nos asola.
En estas puestas de panorama disperso,
de amasijo de asuntos raros, trasciende el tono evidente de lo que se
desmonta. Se hace quita de tierra fértil en el lugar común, y se
deja, sin que se note, al alcance de los que ya planean recrear su
vacío con una llaneza perfecta. Tierra en la que sembrar el capital.
Culpa, dirán, de las carencias ya
resueltas de lo público. Que así será.






