lunes, 3 de diciembre de 2012

Una justicia tasada, es una justicia tasada



Se ha tasado la justicia por legislada gracia ministerial. 

Tasada doblemente. Por tributo oficial, y porque sólo quien se maneje con desaire con los cuartos y los pleitos, guerreará en caso de duda razonable. El prudente por necesidad, es posible que recoga los bártulos ante la negativa de un acuerdo, aún con la ínfula interior de creer que seguramente le habrían dado la razón en juicio justo. En una situación tal, la injusticia, (por no uso de la Justicia) habrá legalizado un quebranto de ley por la fuerza coercitiva del dinero.

A este estado de Estado hemos llegado.

Es cierto que en cuestión litigiosa de alcance evidente, la tasa supondrá un muro de piedra gruesa y basta, barrera molestona o primer escollo capital al que hacer frente con afrenta, pero no insalvable. Pero la cuestión es que será siempre un muro impuesto por quien debe proteger la legalidad. Un muro que en nada afecta al pudiente falseador demandado, juguetón al que poco importa la solución pacífica de un conflicto y a quien la Administración se le ha puesto en modo connivencia.

Digo esto porque en la práctica jurídica, muchos son los casos en los que el pleito procede y avanza en el tiempo, únicamente por la deliberada terquedad del acomodado que se sabe vencido, y que solamente se molesta en demorar la solución. A este demandado poderoso, en último término, no le importará en absoluto siquiera una posible condena en costas.

- ¡Que menos que un juicio Señora Jueza!

Éste pleitea porque puede permitírselo y a este tipo de pleiteantes deportistas, el mundo-tasa naciente, se le presenta como un pimpante juguete a favor: Ahora, el quebrantado por este Don, es posible que permanezca quieto, en dientes batido y sin ejecutar su derecho, porque un gallardo hombre ajeno, le ha levantado un muro en su camino. Una expropiación sin indemnización.

De este modo, aunque sea subjetivamente, sin “númerus clausus” se ha orquestado, en la práctica, una justicia tasada. Porque se ha tasado la justicia.

Puede ser ligero el tacto en el agua, tanto como puede no pesar, pero el agua siempre ondeará.  


jueves, 19 de abril de 2012

Viene sin que se vea, pero se ve venir



Todo sucede tan rápido y cadencioso, que hasta parece que el Rey caza elefantes para cortinear y Froilán -solidario - se dispara en ayuda. El R. Madrid y el Barca pierden aportando lo suyo y la Kirchner baila, coqueta y vanidosa, un tango expropiante mientras se sucede la marea negra. Negra... o parda, porque tiende a más oscura.

Lo de menos estos días que suceden, que se agitan burbujeando en menudeces vistosas, es que cada día maza el Hombre Estado, con resuelto segundeo perfecto e insistente rozamiento, sobre un Sistema Público que se pensaba impermeable a las lluvias ácidas de los ajenos.

Sucede, aprovechando las coyunturas del deporte, las estrafalarias circunstancias puestas pero reales de la Realeza, o las singulares “popularadas” del otro lado, que los señores del buche disponen el tomar sin dar, quitando sin reponer, ensombreciendo este actuar con la arboleda basta del murmullo insustancial que nos asola.

En estas puestas de panorama disperso, de amasijo de asuntos raros, trasciende el tono evidente de lo que se desmonta. Se hace quita de tierra fértil en el lugar común, y se deja, sin que se note, al alcance de los que ya planean recrear su vacío con una llaneza perfecta. Tierra en la que sembrar el capital.

Culpa, dirán, de las carencias ya resueltas de lo público. Que así será.

miércoles, 14 de marzo de 2012

España y Europa en la taberna



En las artes escénicas el títere es el espectador, del mismo modo que en política lo son los ciudadanos.

Teatro de tres al cuatro, con maquillaje de bazar, es la historia patética y triste del déficit español. Combate a herida abierta de wrestling mediático -el que, por cierto y para el que no lo sepa, es de mentira- y de paupérrima gracia, que han escenificado los euroagrupados y los podercedentes de Europa y España, respectivamente.

Y fue que el Mr. Registrador rompió la baraja y sostuvo un golpe en la mesa que ni en los nudillos dolió a pura. El tramposo adversario, cómplice de todo, hizo de duro al estilo Lee Van Cleef, y arrojó la mesa al carajo abriéndose al duelo. El resto de jugadores, acostumbrados, se apartan sin discrección y, conociendo el final, se toman la última en la barra, en donde ríen y enseñan las Gracielas del turno de oficio.

El resto es un combate a defunción sin muerte, a risa y placer estructurado con poses de dolor. Como Lee Marvin y John Wayne en La Taberna del Irlandés.

lunes, 20 de febrero de 2012

Sensaciones



Infravaloradas por el racionalismo, las sensaciones vienen y van, flotando en el nítido aire de la percepción, irreflexivas y sin método, casi despreocupadas. ¡Con razón no son razón!. Y sin embargo, aún cuando también las desprecio si se ciernen en un análisis, pueden llegar a ser tan falsamente verdaderas, que a pesar de su evidente falta de cordura, concedo que también suelen reflejar la realidad de un tiempo.

Sin aviso metódico, las sensaciones advienen por si mismas.

Normalmente combatida por el uso ponderado del conocimiento aplicado, es común que la sensación rehuya, como el aceite del agua, de la concreción a la que se refiere, aún cuando es su conclusión última y tiende, por naturaleza, a particularizar desde de un universal abstracto... disperso en la realidad que, sin estar relacionado, se relaciona sensacionalmente.

Últimamente, las sensaciones que desenmascaran los embelecos racionales, enraízan más en la común idea, general visión, o sensación soberana del pueblo.

Desde este punto de vista, es sensación política que Garzón sea perseguido, que Camps sea protegido, que el PSOE sea una reliquia incapaz de adaptarse a unos tiempos en donde el empresario común, es trabajador en precario, o que la reciente reforma laboral del gobierno de España se ampara en la crisis como quien trata de arañas pintas, y asienta una legislación que toca rugosa por el lado del asalariado. Son sensaciones que “per se” advienen,  como la sensación de que Arantxa Sánchez Vicario sea un juguete roto, que El Real Madrid de fútbol vislumbra un lustro de éxitos, o que desde Francia hay alguna envidia por el presente del deporte español. Vastas sensaciones que juzgan casi con verdad absoluta.

En todo caso, es notoria la sensación de que el intramundo que habitamos se deja llevar por las sensaciones. La sensación de las sensaciones. Será que de este modo pasamos más cerca de la verdad. O será, más bien, que este en el que estamos hoy, es un sensorial mundo irracional.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cuando fui Ben Gazzara...



Me gustaría escribir sobre Ben Gazzara, cuya muerte orilla hoy en los periódicos de medio mundo, y me gustaría hacerlo desde la perspectiva de un actor admirable y comentar, por ejemplo, su papel en la enorme “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminguer, o centellear con letras sus trabajos con John Cassavetes...

Me gustaría, pero honestamente no puedo, porque cuando se habla de Ben Gazzara, antes en vida y ahora en muerte, me persigue -maravillosa persecución- una imagen, imborrable, de su rostro, que también es el mío desde entonces y cada vez que lo veo, contemplando más que observando, el cuerpo siluetado y perfecto, en la playa o en el perfil de la ventana, de la bella y escultural Ornella Muti.

Por ello, aunque me gustaría escribir como homenaje sobre alguna de las grandes películas en las que participó este actor americano de origen italiano, solo una película, mediocre, me devuelve Ben Gazzara

Ordinaria Locura” de Marco Ferreti.

Así de fortuitos o aleatorios son los recuerdos, y así van porque sobre ellos no ejercemos conciencia o poder alguno. La memoria es la que es.

Será entonces mi modesto homenaje a este actor, un homenaje a mí mismo, porque yo también fui Ben Gazzara, con 13 o 14 años, cuando los dos caímos hechizados bajo la delicia y el gozo del cuerpo de la bella Ornella Muti.

¡Anche per te, Biagio!



martes, 10 de enero de 2012

2012... ¡Hay que ir acabando!



Preferimos saber cuando. Un mundo previsible es menos estresante. En este sentido, el 2012 es la fecha y a ella se refiere el apocalipsis. Una vez pasado, todo pasa si no pasa, y el peligro queda fuera.

Esta deriva de profecías del caos que atenderemos mientras dure el año, no es más que una tontería para quien, como yo, no piensa en el destino como posible o real, sino como algo fabulador, como un modo vistoso de aceptar la muerte: Un bonito artificio de consuelo.

Sin embargo, hay que decantar cierto aplauso, aunque sea y se escriba desde el sarcasmo, a los Srs. Mayas y sus cosas, que evidentemente pueden confundir en las cuentas unos años de más o de menos -Evidente concesión esta, porque el cálculo a gran escala y sin fórmulas científicas no debe ser cosa fácil- pero que en nada se engañan si acercamos las épocas y no los años, y advertimos que esta, efectivamente, es una época de cambio.

No es el fin del mundo como tierra, mar y aire en el universo (al menos nada apunta a semejante desastre) pero si es verdad que el mundo, tal y como lo hemos visto, se acaba.

Esto lo han dicho todos los que mandan en la apariencia y en el momento.

Sean las “revueltas árabes”, la lucha por las fuentes de energía, las guerras interesadas, la burbuja inmobiliaria, las primas de riesgo, las economías emerjentes, las sumergentes y demás cuestiones del momento las que sintomatizan la única realidad casi objetiva:

Estamos en el año 2012 y el mundo está cambiando.

Pues tenían razón los Mayas... Y además avisaron con tiempo.

martes, 13 de diciembre de 2011

Cal


En esa colina de pausada cuesta, rascan los vecinos mineros con la ayuda de máquinas, y se adentran en su interior enseñando el corazón blanco de la tierra caliza.
Aquellos serpentean un camino que suben y bajan tantas veces al día para conseguir la prima del negocio.
La montaña nació apenas a 500 metros de dónde él vive ahora. Esta circunstancia de proximidad, llegó al entendimiento casi un año después y concluyó entonces, que el agua menguante que salía del grifo, era más que eso...

- ¡Quizás topaba con restos de cal indisolubles en el filtro!

 Fue por esto que, desmontando las articulaciones del aparato, confirmó el motivo y quitó luego las arenas de cal, que juntas se habían arrimado en los espacios de tránsito.
Entonces disfrutó de un torrente de agua que, caudalosa, se vertía de nuevo con vigor... Discreccionalmente.