martes, 25 de octubre de 2011

Un día de embelecos, por ejemplo...



Es lo que nos va dejando el tiempo.

Aquellos acontecimientos en Libia, por ejemplo, dando muerte a ese, que ya es aquel aquí, a quien nunca se temió y poco se cuestionó... Hasta que el mundo civilizado y noble de occidente, defensor de derechos humanos, instigador de déspotas y muchas cosas más, quiso seguir por allí su camino del tesoro negro. 

Ese salvajismo público, nada extraño, es un fracaso más de la humanidad. Otro.

Y esa fina línea, por ejemplo, que separa lo propio de lo extraño y que los asesinos terroristas han cruzado indemnes, sin que nadie recuerde que muchos quedan -todos- por atender a la Justicia.

Porque en la cárcel sobran malos con mala suerte y faltan muchos de aquellos otros.

A donde vas humo, sin tiempo. No lo sé, en donde quedo es siempre instante.  

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