Es lo que nos va dejando el
tiempo.
Aquellos acontecimientos en Libia, por
ejemplo, dando muerte a ese, que ya es aquel aquí, a quien nunca se
temió y poco se cuestionó... Hasta que el mundo civilizado y noble de occidente,
defensor de derechos humanos, instigador de déspotas y muchas cosas más, quiso seguir por allí su camino del tesoro negro.
Ese salvajismo
público, nada extraño, es un fracaso más de la humanidad.
Otro.
Y esa fina línea, por ejemplo, que separa lo propio
de lo extraño y que los asesinos terroristas han cruzado indemnes,
sin que nadie recuerde que muchos quedan -todos- por atender a la
Justicia.
Porque en la cárcel sobran malos con mala suerte y faltan muchos de aquellos otros.
Porque en la cárcel sobran malos con mala suerte y faltan muchos de aquellos otros.
A donde vas humo, sin tiempo. No lo sé,
en donde quedo es siempre instante.

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