“Cartas de un hombre muerto” es una película de 1986 dirigida por Konstantin Lopushansky y que incide en la común pesadilla nada fantasmal de un apocalipsis derivado de una futura autodestrucción de la humanidad en su arbitraria explotación de la energía nuclear.
Relacionado aquí con esta pesadilla imaginada (y transitando por ella), es la realidad del pasado viernes 7 de Octubre de este 2011, cuando se publicaba en el BOE la inquietante normativa Real Decreto 1308/2011, de 26 de septiembre, sobre protección física de las instalaciones y los materiales nucleares, y de las fuentes radiactivas, y que en realidad es una puesta al día del Real Decreto 158/1995, de 3 de febrero, sobre protección física de los materiales nucleares y una “obligación” derivada de la Convención de la ONU sobre la protección física de los materiales nucleares de 2005.
Película y Real Decreto producen escalofríos.
La inquietud me viene, irremediablemente, al ver el filme aquel, aún siendo ficción, pero también, y quizás "sobre todo" al entender la normativa esta... Pues no se trata de proteger a la humanidad de posibles fallos en las centrales nucleares o bases de almacenamiento nuclear (Otras normas se ocupan de esto), ni se trata de obligar a los Estados a que no empleen como armas los recursos nucleares (Hipótesis hecha realidad/ficción en la película), sino de proteger a la humanidad de sus excepciones y volubilidades, es decir, de sus propios géneros conjuntados y enajenados en terroristas que planteen ataques sobre las explotaciones nucleares.
Esto, que parece tan lejos de los sentidos humanos, no parece nada lejos, sin embargo, de las intenciones terroristas según se deduce de la lectra de la Exposición de Motivos de dicho Real Decreto, en el que se afirma que existe una clara “preocupación por el incremento del terrorismo internacional” y lo que se pretende con la norma es “evitar los peligros que podrían plantear el tráfico, la apropiación y el uso ilícito de materiales nucleares, así como el sabotaje de materiales nucleares e instalaciones nucleares”.
Película y Real Decreto producen escalofríos.
La inquietud me viene, irremediablemente, al ver el filme aquel, aún siendo ficción, pero también, y quizás "sobre todo" al entender la normativa esta... Pues no se trata de proteger a la humanidad de posibles fallos en las centrales nucleares o bases de almacenamiento nuclear (Otras normas se ocupan de esto), ni se trata de obligar a los Estados a que no empleen como armas los recursos nucleares (Hipótesis hecha realidad/ficción en la película), sino de proteger a la humanidad de sus excepciones y volubilidades, es decir, de sus propios géneros conjuntados y enajenados en terroristas que planteen ataques sobre las explotaciones nucleares.
Esto, que parece tan lejos de los sentidos humanos, no parece nada lejos, sin embargo, de las intenciones terroristas según se deduce de la lectra de la Exposición de Motivos de dicho Real Decreto, en el que se afirma que existe una clara “preocupación por el incremento del terrorismo internacional” y lo que se pretende con la norma es “evitar los peligros que podrían plantear el tráfico, la apropiación y el uso ilícito de materiales nucleares, así como el sabotaje de materiales nucleares e instalaciones nucleares”.
Pesadilla imginada y realidad, fundidas en un fin de semana en el que me vi impotente.
Tanto ¡y no más! ¡y esto es muy escalofriante!, como aquellos otros humanos que escribían las siguientes letras.
Tanto ¡y no más! ¡y esto es muy escalofriante!, como aquellos otros humanos que escribían las siguientes letras.
"Ante nosotros se abre un camino
de progreso, felicidad y conocimiento.
¿Acaso preferimos la destrucción
sólo porque no podemos dejar de lado nuestras disputas?
Nos dirigimos a todos:
¡Ustedes pertenecen al género humano!
¡Olvídense de todo lo demás!”

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