Me gustaría escribir sobre Ben
Gazzara, cuya muerte orilla hoy en los periódicos de medio mundo, y
me gustaría hacerlo desde la perspectiva de un actor admirable y
comentar, por ejemplo, su papel en la enorme “Anatomía de un
asesinato” de Otto Preminguer, o centellear con letras sus trabajos
con John Cassavetes...
Me gustaría, pero honestamente no
puedo, porque cuando se habla de Ben Gazzara, antes en vida y
ahora en muerte, me persigue -maravillosa persecución- una imagen,
imborrable, de su rostro, que también es el mío desde entonces y cada vez que lo veo,
contemplando más que observando, el cuerpo siluetado y perfecto, en
la playa o en el perfil de la ventana, de la bella y escultural
Ornella Muti.
Por ello, aunque me gustaría escribir
como homenaje sobre alguna de las grandes películas en las que
participó este actor americano de origen italiano, solo una
película, mediocre, me devuelve Ben Gazzara:
“Ordinaria Locura”
de Marco Ferreti.
Así de fortuitos o aleatorios son los
recuerdos, y así van porque sobre ellos no ejercemos conciencia o
poder alguno. La memoria es la que es.
Será entonces mi modesto homenaje a
este actor, un homenaje a mí mismo, porque yo también fui Ben
Gazzara, con 13 o 14 años, cuando los dos caímos hechizados bajo la
delicia y el gozo del cuerpo de la bella Ornella Muti.
¡Anche per te, Biagio!






