lunes, 14 de febrero de 2011

Chad. La alteración de un sueño.

En el estremecido subconsciente, una palabra entendía repetida: Chad. Chad. Chad. Como un sinfín eterno.

Y sin dormir ni despertar, en el limbo desvanecido por la penumbra, sin dominio en la forma ni en el modo en que a mí regresaba, repetía en mi adentro entusiasmado, Chad. Chad. Chad.

Y cuando me hube en pie erguido, ya amanecido por el tiempo, solazado y despierto, otra vez me retumbaba en los adentros Chad. Chad. Chad.

Y en esta nueva dimensión de perversa artimaña sobrehumana, de naturaleza inconclusa y etérea, me hallo en asombro extraviado... Sin derrotero que sacie el desorden.

Y me refugio en lo cotidiano con las señas reconocibles del paso... pero vuelve tenue, Chad. Chad. Chad.

Y no rehuyo del reclamo. Sereno el flujo y lo entiendo entonces incitado a la conciencia del lugar.

Y me detengo un instante en la conclusión, rehago mi sosiego y acompasado por la razón en-vuelta, me satisfago en... Chad (Chad. Chad).

Y en lo insustancial de mi búsqueda no concluyo nada que abonance mi realidad.

Tan sólo Chad. Chad. Chad. Como un sinfín eterno...

Nota: Incisiones.

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