¡Mi tiempo! -que me lleva tiempo-, pensante, me adhiere desde hace un par de meses por momentos musicales/económicos que pasan por Carlos Jean. Ferrolano de alcance orondo que, guisando para comérselo, ha desarrollado un concepto muy interesante de “piratería a la inversa” con éxito tal y redundante, que su filibustería pública y legal, se ha quedado, por fama, en anécdota simple, cuando entiendo que debería ser categoría pura.
Carlos Jean, músico y productor gallego de orígen haitiano, es el genial creador de lo que se llama “El Plan B”, proyecto musical de alcance y éxito en las listas de España y que consiste en la remezcla de bases musicales aportadas “de gratis” o “por la cara” por músicos de toda España y de todas las disciplinas (trompetistas, pianistas, guitarristas...).
Su poder de convocatoria se desarrolla a través del programa de TV “El Hormiguero” de Cuatro, plataforma desde donde ha grabado desde voces acoradas (“de Conservatorio” rezaba el anuncio para la selección) a Orquestas completas (También "de Conservatorio", por supuesto) de cuerdas o viento... Grabaciones que en circunstancias normales supondrían un sobrecoste de cierta entidad (pagar el tiempo y trabajo de una orquesta entiendo que no es barato) y que a él le salen completamente gratis, para después utilizar remezclando a su antojo en el estudio y crear estupendos temas que a día de hoy, se mantienen en las listas de éxitos con cierta fuerza de resistencia y a mayor gloria de su creador.
Efectivamente, a poco que uno entienda, recoge con gracia la intención (que además no se esconde, y está expuesto y letrado en el subtítulo del proyecto: “la música no está en crisis, solo hace falta un...” -Plan B-), de hacer música con vocación de ser pirateada... ¡pirateándola antes!. Es decir, el productor que advierte que los anónimos no pagan su trabajo, en buen sentido decide... ¡no pagar el trabajo de los anónimos!, de modo tal, que obtiene músicos a voluntad y con ganas de “sonar”, sin sobrecostes de producción ¡y con toda la publicidad disponible!.
Con todo ello, la rueda de la fortuna acompaña también de modo evidente al programa de tv mencionado, que se retroalimenta con el espectáculo del proceso creativo mismo, quemando minutos de televisión en directo con un entretenimiento musical nunca visto.
Y lo mejor es que “las cuentas salen” en todas las variables de la fórmula:
1.- Productor -que ahorra costes-
2.- Músicos anónimos -Que suenan en las listas y amplían currículum-
3.- Televisión -Que minutea espectáculo en “prime time”-.
Decía entonces que pasa Carlos Jean adherido a mi tiempo pensante, porque aparentemente ha encontrado un Plan B que parece funcionar con la música. Un modo de entender el “status quo” de las artes como mercancía que no debe despreciarse y que en todo caso es un enjundioso intento de revitalización.
¡Gallego tenía que ser!

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